lunes, 14 de marzo de 2011

Meditar caminando

Mis primeras meditaciones eran más o menos así: Sentada frente a una vela, música de relax de fondo y un incienso pasoso que desconcentraba todo a su paso. Inhala y exhala, lento, profundo. Todo bien hasta ese momento, pero mi cabeza comenzaba a retumbar "¿Compré pan?", "Capaz que este ejercicio no sea así", "Pucha, por qué no me puedo concentrar". Si no entiende a que me refiero, vea la película "Comer,Rezar y Amar" y regocíjese mirando a una siempre hermosa Julia Roberts, sufriendo las penas de quienes intentamos practicar lo oriental en este raudo occidente.

En fin, sucede que desde hace un año aproximadamente, logré hacerlo. Aquietar la mente por 20 o 30 minutos (he intentado hacerlo más, pero me es torturante) y salir de mis improvisadas "sesiones" mucho más descansada y con el corazón más tranquilo, sin necesidad del incienso pasoso, de la música oriental, y en ocasiones, ni siquiera es necesario sentarme en posición de loto para poder conectarme completamente.

Porque es un absoluto mito eso de tener que mantenerte horas con la mente en blanco, sobre todo cuando el día a día, desde  hace varios años, nos está obligando constantemente a pensar.  Es más, el primer consejo  al que hice caso en estas lides, fue a dejar fluir mis pensamientos y no empezar a intentar atraparlos ni echarlos. Claro que aparecen apenas mientras menos se quieren, la mente se da cuenta que no le damos tribuna, y comienza a desplegar todas sus armas para seguir dominante, soltando preocupaciones, miedos, dudas, etc.

En cuanto a los tipos, al empezar, la meditación guiada es la mejor. Existen varios audios dando vueltas por Internet, y varios guiones escritos que permiten una conexión. Es más sencilla, porque un tercero te da las indicaciones que debes cumplir al pie de la letra, mientras la música y su voz logran envolverte. 
Existe también la meditación vibracional y personal, en las que solamente debes estar tú, sentado o acostado, concentrado en algún objeto inmóvil, imaginario o real, y en ocasiones emitiendo algún sonido o mantra para liberar tensión y energía.

Sin embargo, otra buena forma es la de meditar caminando, o en el tumulto. Sobre todo en un marzo ajetreado, que vuelve locos a todos quienes toman transporte público o privado. Se trata de tomar conciencia de qué siente el cuerpo, mientras vas caminando, mirando por la ventana o simplemente leyendo un buen libro. La atención a lo que se siente y piensa respecto a lo que se ve y se toca es fundamental, mientras que la respiración, lenta y pausada, va oxigenando nuestro cuerpo, haciéndonos sentir descansados. Ideal para quienes no gustan de los inciensos pasosos o la música de relajación. Otros seguimos prefiriendo el camino usual y la compra de la mayor cantidad de velones posibles.

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